¿Cómo degustar un vino?


Degustar un vino permite extraer su historia, descubrir las cualidades, estímulos y placeres que puede ofrecer. Para hacerlo no es necesario ser un experto, sino que es posible entrenar el paladar para reconocer la composición y sensaciones que produce un vino.

Catar es el medio que nos va a permitir disfrutar y distinguir lo que ofrece el vino. Al hacerlo, uno puede descubrir de dónde proviene, qué varietal es, cómo fue criado, su edad, su sabor y aromas, entre otras cosas.

El arte de apreciar un vino a través de la cata involucra los sentidos: la vista, el olfato y el gusto.

VISTA

¿Por qué? – Primero, es importante mirar el vino para captar su color, brillo, opacidad y el desarrollo de las lágrimas (gotas que recorren el cristal). Por ejemplo, los colores de un vino nos pueden dar detalles acerca de su región de procedencia, del clima y altura del lugar de cultivo, e incluso de su juventud o vejez.

¿Cómo? – Se observa el vino sobre un fondo blanco para apreciar su limpidez y brillantez. También, se aprecia su color, por ejemplo, pálido en los blancos jóvenes y dorado intenso en los blancos con crianza. Por su parte, los tintos son intensos y violáceos en su juventud, perdiendo color y cambiando hacia los teja y anaranjados con el paso de tiempo.

NARIZ

¿Por qué? – Olemos el vino para percibir sus perfumes. Es fundamental destacar que estos aromas no se agregan al líquido, sino que son aportados por diversos factores como la uva, la fermentación alcohólica, el reposo del vino, su tiempo de maduración, por mencionar algunos factores. Por ejemplo, si el vino reposó en madera, probablemente tenga aroma a vainilla, café o tostadas; si es más maduro tendrá notas a mermelada y si es más joven tendrá aroma a fruta fresca.

¿Cómo? – Se huele el vino primero con la copa quieta. Luego, se la hace girar para que aumente el contacto con el aire y libere sus aromas.


BOCA

¿Por qué? – Por último, se debe probar y saborear el vino en boca para distinguir su impacto y personalidad. A través del gusto, reconocemos la estructura, textura y los aromas de boca, que pueden coincidir o no con los descriptores expresados en nariz. Al finalizar, entra en juego el retrogusto que se define en base al recuerdo que imprime el vino en su final y puede ser más o menos prolongado.

¿Cómo? – Se toma un sorbo que recorra la boca, donde se evalúan el gusto dulce, salado, ácido y amargo y se perciben los sabores particulares del vino. También se analiza la acidez, el alcohol, el cuerpo y la persistencia que es el tiempo que perdura el sabor en la boca.

En conclusión, podemos decir que catar es prestarle atención a todas esas circunstancias que hacen de un vino un producto delicado, divertido y estimulante, que nos permite recorrer un camino de descubrimiento y disfrute sin límites.